¿Es la ciencia una perversión?

La frase de Nikola Tesla, famoso ingeniero e inventor serbio-americano, es exactamente:

“La ciencia en sí misma no es más que una perversión, a menos que tenga como objetivo final la mejora de la humanidad”

Un colega, más joven y más activo que yo, acaba de pasarme la editorial de la revista “Nature Physics” de junio de este año[1]. Se titula (en traducción mía):

Una argumentación filosófica sobre la “Gran Ciencia”,

y tiene algo que ver con la cita de Tesla. Me parece interesante comentar el artículo, pues va en el mismo sentido que un post anterior de este mismo blog sobre la “Gran Ciencia”.

Como resumen, el editorialista concluye que: “Argumentar sobre la inversión en proyectos de física a gran escala es cada vez más complicado. Para continuar haciéndolo de manera efectiva en el futuro, los científicos deben aprender a lidiar con una serie de problemas de los que quizás hayan tenido la suerte de estar protegidos en el pasado.”

Los investigadores científicos se quejan de la frustración de tener que explicar algo que podría considerarse evidente (que invertir en investigación fundamental es bueno para la sociedad) a oyentes escépticos o, lo que es peor, que simplemente no lo ven, cuando tiene que justificar su financiación. Hoy en día argumentar de manera ingenua que tal financiación es de derecho es completamente improductivo, como era de esperar. El público en general no está comprometido con empresas de gran envergadura científica y es poco probable que las respalde, especialmente cuando requiere una inversión de miles de millones.

El artículo describe luego un taller sobre: “Perspectivas sobre la gran ciencia y la cuestión de la justicia”, que ha tenido lugar recientemente en la Universidad de Edimburgo y que ha reunido a filósofos de la ciencia, políticos, físicos y economistas para explorar temas como: ¿Por qué la sociedad debería invertir en la gran ciencia? ¿Qué beneficios aporta y a quién? ¿Y cuáles son los mecanismos para garantizar que estos beneficios se distribuyan de manera justa?

En el caso de un megaproyecto científico, como puede ser la Fuente Europea de Espalación de neutrones que se está construyendo en Lund (Suecia), además de una importancia científica convincente y especificaciones técnicas adecuadas, se identificaron una serie de requisitos clave que deben cumplirse para que el proyecto se lleve a cabo finalmente. Estos requisitos incluyen una sólida gestión del proyecto y un plan de financiación y gobernanza creíble, pero también, y fundamentalmente, una participación adecuada de las partes interesadas y un planteamiento empresarial sólido que pueda articularse en términos de valores de mercado, como puestos de trabajo, habilidades e innovación tecnológica.

La segunda parte del taller se centró en la interacción entre el progreso científico y social y, en particular, la relación entre ciencia y justicia. Y aquí los filósofos se implicaron en una reflexión profunda sobre quién se beneficia realmente de estos proyectos. Se planteó la incómoda pregunta de cómo el progreso científico se traduce exactamente en beneficios para la sociedad y se señalaron casos en los que es posible que esto no ocurra realmente. En última instancia, además de la justicia social y distributiva de la ciencia, la cuestión también incluye la justicia intergeneracional y global.

Es legítimo preguntarse cómo una inversión realizada hoy en, digamos, una fuente de espalación en el sur de Suecia, beneficiará a las generaciones futuras de otros países participantes. En el caso de los telescopios en la cima del volcán Mauna Kea en Hawai, por ejemplo, el mismo concepto de participante es inadecuado para el caso de los grupos indígenas locales, que deberían ser considerados más bien como titulares de derechos que hay que respetar.

La ciencia tiene un enorme poder transformador y redistributivo. Pero, en los próximos años, para mostrar los beneficios de la ciencia para la sociedad en el contexto de los grandes proyectos, los científicos pueden y deben fortalecer su posición asumiendo perspectivas diferentes sobre cuáles deberían ser estos beneficios y justificar así claramente que la “Gran Ciencia” no es la perversión de un pequeño grupo de élite en su torre de marfil.


[1] Editorial Nature Physics, 17 (2021)

Publicado por Manu Barandiaran

Profesor emérito de la Universidad de País Vasco

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