La extinción de los neandertales

Lo que conocemos de la historia de los neandertales, incluyendo los procesos que llevaron a su extinción, es muy incompleto. Por eso me llama la atención el titular de ABC: Los neandertales ya estaban condenados antes de cruzarse con nosotros[1], cuya entradilla dice: Un nuevo estudio genético revela que sufrieron un letal ”cuello de botella” genético hace 65.000 años, mucho antes de la llegada a Europa de Homo sapiens

Lo más que me deja leer ABC sin suscribirme es: Puede que, después de todo, no fuéramos nosotros los únicos responsables de su extinción. O por lo menos eso es lo que sugiere el trabajo de un equipo de investigadores de la universidad alemana de Tubinga, recién publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Rastreando hasta el origen de la noticia, llego al estudio, de este mismo año, de las Universidades de Tübingen (Alemania), California State University en Northridge (USA), Universidad de Winnipeg (Canadá) y el Instituto Max Planck de Antropología Evolucionaria, de Leipzig  (Alemania), titulado: Perspectivas arqueogenéticas sobre la historia demográfica de los neandertales tardíos[2].

El trabajo, según declaran sus autores, aporta evidencias de que se produjo un reemplazo genético general en los neandertales europeos, antes de su extinción. Los datos de ADN mitocondrial y arqueológicos, revelan que antes de su desaparición tuvo lugar una gran concentración geográfica, seguida de una expansión de los neandertales tardíos, probablemente influenciada por fluctuaciones climáticas, lo que resultó en una gran pérdida de variedad genética. Específicamente, el estudio sugiere que los neandertales tardíos en Europa derivan en gran medida de un importante evento que tuvo lugar hace aproximadamente 65.000 años en el suroeste de Francia. A este evento le siguió una gran expansión geográfica, lo cual es consistente con la expansión posglacial en Europa.

Resumo a continuación el resumen (abstract) del citado artículo

Resumen: Si bien se ha propuesto que un recambio poblacional precedió a la aparición de los neandertales tardíos en Europa, la extensión, el momento y la ubicación geográfica de este evento son actualmente desconocidos.

En este trabajo, presentamos diez secuencias de ADN mitocondrial (ADNmt) de neandertales procedentes de Bélgica, Francia, Alemania y Serbia, junto con 49 secuencias de ADNmt ya publicadas. La integración de análisis filogenéticos, de datación molecular y datos arqueológicos nos permitió reconstruir patrones temporales y espaciales en la distribución de los neandertales. Sorprendentemente, casi todos los individuos neandertales tardíos de Europa pertenecen a un único linaje de ADNmt que se diversificó recientemente, lo que confirma un reemplazo genético a gran escala. Nuestros análisis sitúan este evento de diversificación en aproximadamente 65.000 años atrás y sugieren que probablemente se originó en un refugio poblacional en el suroeste de Francia, desde donde los neandertales parecen haber experimentado una importante dispersión geográfica por Europa. Además, detectamos una marcada disminución en el tamaño efectivo de la población de ADN mitocondrial neandertal a partir de los 45.000 años atrás , poco antes de su extinción.

Este estudio demuestra que la integración de datos moleculares y arqueológicos proporciona una comprensión más detallada de la historia de la población neandertal tardía y subraya el papel fundamental de los refugios impulsados por el clima y las posteriores expansiones geográficas en la configuración del panorama genético de los neandertales a lo largo del tiempo.

La figura que he preparado, basándome en la figura 3-C del artículo, muestra el declive de población neandertal en Europa durante el período estudiado.

Figura 1.- Cambio en la población de neandertales occidentales durante el período comprendido entre 90 ka y 40 ka (valor medio e intervalo de 95% de probabilidad). La línea roja vertical discontinua indica el inicio del pronunciado descenso de los Neandertales hace unos 44 500 años, que pasan de unos 30 000 a solamente 1000.

Aunque la llegada de Homo sapiens a Europa occidental parecía estar admitida generalmente entre hace 45 000 y 42 000 años, un artículo de La Conversación[3], que se refiere a otro publicado en la revista PlosOne de 2023[4], asegura que la primera oleada sapiens hacia Europa, … alcanzaron el oeste del continente ya hace 54 000 años, o antes, sugiere el autor en otro párrafo, pues hace 54 000 años ya estaban aquí. Otra oleada posterior sería la que se tomaba hasta ahora como la primera aparición de sapiens en Europa occidental, hace unos 45 000 años.

Repasando la figura del artículo de PNAS, me he permitido trazar una línea azul discontinua en un primer descenso de población neandertal, no comentado en el artículo original, que coincidiría con unos 55,8 ka atrás, muy cerca de esta primera oleada de H. sapiens.

Sin pretender discutir con expertos, se me presenta un doble dilema sobre la influencia del “cuello de botella” genético en los neandertales (probablemente efecto del cambio climático de la época) y el contacto con los sapiens, como causa (no necesariamente única) de la extinción. Si la gráfica publicada tiene consistencia y sus características responden a efectos reales en la población neandertal, es difícil asignar el cuello de botella de hace 65 000 años ningún papel en el tamaño de la población neandertal, mientras que la llegada, tímida al principio, de los sapiens se traduce en un descenso evidente, aunque limitado, de población, hace unos 55 ka y una segunda oleada mucho más numerosa, en el definitivo descenso que llevó a su extinción, 10 000 años después.

¿Quiere esto decir que el cuello de botella genético no tuvo influencia en la extinción? No me atrevería, pues no soy antropólogo ni mucho menos, pero tampoco los autores del artículo de PNASS lo sugieren. Su conclusión es simplemente sobre el cambio genético:

En conclusión, nuestro estudio revela una historia demográfica compleja para los neandertales tardíos, marcada por una contracción poblacional seguida de una reexpansión, que finalmente condujo a una sustitución casi completa de los linajes de ADN mitocondrial en toda Europa. Si bien solo la generación de genomas nucleares neandertales adicionales determinará la magnitud de este recambio poblacional, la integración de los genomas mitocondriales con la evidencia arqueológica ofrece información crucial sobre la cronología y el contexto geográfico de los eventos que moldearon la composición genética de los neandertales tardíos.

Pero podemos comparar con otro evento similar, pero aún más pronunciado que estuvo a punto de acabar con el género Homo en su conjunto hace unos 900.000 años, como se ha publicado recientemente[5]. Nuestros antepasados atravesaron una grave pérdida de población que los llevó al borde de la extinción.

En comparación con otros primates, los humanos tenemos una diversidad genética sorprendentemente baja. Los resultados del trabajo que comentamos, obtenidos a partir de las secuencias genómicas de 3.154 individuos humanos actuales, indican un acusado cuello de botella que comenzó hace 930 ka y duró aproximadamente 117 ka. En él se perdieron alrededor del 98,7% de los ancestros humanos, pasando de unos 98.000 a sólo 1.280 individuos reproductores (figura 2). La población total, contando niños y ancianos, sería mayor, pero estas cifras son comparables a la población de algunos mamíferos en peligro de extinción en la actualidad. La drástica reducción de población habría aumentado mucho la endogamia de los supervivientes, con lo que se perdió cerca del 66% de la diversidad genética humana.

Figura 2.- Evolución de la población humana, entre 1,250 y 700 ka antes. La flecha roja indica el pico de glaciación en esta época. En este lapso el registro fósil africano muestra una transición de H. erectus a H. sapiens. En este período también se fusionaron dos cromosomas ancestrales de los primates en uno solo en Homo sapiens.

Esta reducción de población se debió, probablemente, a cambios climáticos, pues durante este período, las glaciaciones fueron largas y de intensidad extrema, especialmente en el pico de la glaciación mostrado. El cuello de botella podría explicar la escasez de fósiles de homínidos en África y Eurasia entre hace 950 y 650 ka. El registro fósil del este de Asia de esta época contiene especímenes de Homo erectus, que no parecen relacionados con el cuello de botella mencionado y que es poco probable que haya contribuido al linaje de los humanos modernos. Se cree que, coincidiendo con este cuello de botella, entre hace 900 y 740 ka, se fusionaron dos cromosomas ancestrales para formar el cromosoma 2 humano, lo que posiblemente da origen a un evento de especiación, que condujo al surgimiento de los denisovanos, neandertales y humanos modernos, cuya divergencia se ha fechado hace entre 765 y 550 ka.

Hace unos 813 ka se detectó una rápida recuperación de la población, que aumentó 20 veces su tamaño, hasta alcanzar unos 27.000 individuos. La explicación de esta expansión podría ser, en parte, el control del fuego, como lo demuestran las primeras evidencias arqueológicas encontradas en Israel que datan de hace unos 790 ka. Otros factores que influyeron podrían ser los cambios climáticos, esta vez favorables.

En este caso la reducción de población fue simultánea a (y probablemente la causa de) la pérdida de la diversidad genética. En el caso de los neandertales, sin embargo, la pérdida de diversidad genética es muy anterior a la drástica disminución de la población, lo que refleja la muy probable existencia de otros factores para la extinción de los neandertales.

Mi conclusión, no antropológica, es que los periodistas científicos tienen que vender, como todos, y prefieren titulares extremos y poco científicos pues así, al menos algún despistado como yo, trataría de leer su artículo. En todo caso, esta vez no me han convencido como para suscribirme al periódico.


[1] https://www.abc.es/ciencia/neandertales-condenados-cruzarse-20260330042025-nt.html

[2]  PNAS 123 (13) e2520565123 (2026), https://doi.org/10.1073/pnas.2520565123

[3] https://doi.org/10.64628/AAK.4uj4h9mrn

[4] https://doi.org/10.1371/journal.pone.0277444

[5] Hu et al., Science 381, 979–984 (2023)  DOI: 10.1126/science.abq7487

Publicado por Manu Barandiaran

Profesor emérito de la Universidad de País Vasco

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