El Matriarcado

El tema del matriarcado ha sido objeto de debate desde el s XIX, cuando aparecen las primeras teorías sobre la existencia de sociedades gobernadas por mujeres en los orígenes de la humanidad, durante el Neolítico. El Neolítico se extiende aproximadamente entre el 10.000 y el 4.000 a.C., y marcó una transición esencial en la historia humana, con el desarrollo de la agricultura y la domesticación de plantas y animales, propiciando que la especie humana se hiciera sedentaria, abandonando el modo de subsistencia “cazador-recolector”. Este cambio tuvo un gran impacto en las creencias y prácticas religiosas. Éstas pasaron a ligarse con la fertilidad de la tierra, que se convirtió en un aspecto esencial para el éxito de las cosechas, la reproducción de animales domésticos y el desarrollo de las propias comunidades humanas. Así, surgieron mitos y rituales que personificaban a la tierra como una figura femenina, fuente de vida y sustento.

Existen algunos movimientos feministas (no muchos ni mayoritarios) y otras corrientes de pensamiento que reivindican la idea de sociedades matriarcales, ya sea desde un punto de vista histórico, antropológico o como un ideal político y social, enfrentado al patriarcado, aunque no como un «inverso del patriarcado», sino como un sistema donde el poder se distribuye de manera más equitativa en modelos sociales más cooperativos. En todo caso las sociedades matriarcales serían un paraíso o arcadia dorada reivindicada frente al mundo patriarcal actual, brutal, guerrero y altamente jerarquizado. El tema me parecía de gran interés y he tratado de profundizar un poco en él, leyendo casi todo lo que he encontrado al respecto. Aquí tenéis un resumen de lo leído, que quizá os entretenga.

Actualmente, ningún estudio científico, y muchos han sido llevados a cabo por mujeres feministas, muestra evidencias de que existieran sociedades totalmente matriarcales, en el sentido de que fuesen dominadas, política, económica y militarmente por las mujeres, como las sociedades patriarcales lo son por los hombres. Sin embargo, algunas culturas antiguas, como la minoica y la etrusca, parecen haber dado más importancia a las mujeres en comparación con las respectiva sociedades griegas y romanas posteriores. También se cree que muchas sociedades agrícolas tempranas eran matrilineales (la herencia pasaba por la línea materna). De hecho, existen sociedades matrilineales contemporáneas, como los mosuo en China, los minangkabau en Indonesia o los hopi en Norteamérica, que aunque no son estrictamente matriarcales, tienen sistemas donde la herencia y la autoridad social recaen en las mujeres. La imagen que encabeza esta entrada se ha tomado de la Wikipedia y muestra Cuatro generaciones de mujeres hopi de Arizona, en 1901: Nampeyo (derecha), con su madre, White Corn (centro) y su hija mayor Annie Healing (izquierda), que lleva en sus brazos a su nieta, Rachel. También hay sociedades matrilocales, en las que el nuevo matrimonio reside con o cerca de los parientes de la mujer, es decir con la madre de la esposa y sus antepasados matrilineales. En la sociedad victoriana, estos conceptos eran muy difíciles de aceptar, pues la estructura patriarcal de la sociedad occidental (civilizada) se daba por supuesta, basándose en la religión cristiana y la cultura clásica, que existía desde tiempo inmemorial. El que existieran pequeños grupos humanos aislados que no estuviesen organizados con estos principios, se achacaba a su barbarie y salvajismo que los equiparaba con los animales.

El pionero de la idea del matriarcado fue Johann Jakob Bachofen (1815 – 1887),un jurista, antropólogo, sociólogo y filólogo suizo. Aunque él nunca utilizó el término “matriarcado”, fue el autor de la teoría de las sociedades de “derecho materno” (en alemán: Mutterrecht) matrifocales o ginecocracias. Su obra principal tiene precisamente ese título: El derecho materno: una investigación sobre el carácter religioso y jurídico de la ginecocracia en el mundo antiguo (Das Mutterrecht: eine Untersuchung über die Gynaikokratie der alten Welt nach ihrer religiösen und rechtlichen Natur. Stuttgart 1861). En ella argumentó que las primeras sociedades humanas, al salir de la barbarie ancestral, estaban gobernadas por mujeres y basadas en la adoración de diosas de la fertilidad. Bachofen propuso cuatro fases de la evolución cultural humana:

a) El Hetairismo (un nombre mal elegido, pues una hetaira era en realidad una cortesana o prostituta). Esta habría sido una fase nómada y salvaje, caracterizada por la propiedad común de los bienes (el comunismo) y la promiscuidad (que hoy llamaríamos el poliamor). La deidad predominante habría sido una proto-Afrodita.

b) Una fase «lunar» matrifocal (Das Mutterrecht), basada en la agricultura y la aparición de los cultos ctónicos (del griego χθόνιος khthónios, “de la tierra”) o telúricos (del latín tellus), hacia dioses o espíritus del inframundo. La deidad predominante habría sido una Deméter temprana.

c) La Dionisiaca: una fase transitoria en la que las tradiciones se habrían masculinizado a medida que empezaba a emerger el patriarcado. La deidad predominante sería Dionisos.

d) La Apolínea: la fase «solar» patriarcal, en la cual se suprimió todo rastro de la sociedad matrifocal y de pasado dionisíaco y surgió la civilización moderna, con Apolo como deidad representativa.

Bachofen basó sus ideas en una numerosa documentación sobre las antiguas sociedades de Licia, Creta, Grecia, Egipto, la India, Asia central, África del norte y España, y conectó el “derecho materno” arcaico con la veneración cristiana a la Virgen María. Las ideas de Bachofen, basadas en la literatura antigua, no han sido confirmado en absoluto por los estudios arqueológicos y antropológicos posteriores, muchos de los cuales fueron llevados a cabo por investigadoras feministas. Con todo, su libro tuvo gran influencia en otros pensadores y escritores, como Friedrich Engels, Lewis Henry Morgan, Eliseo Reclús, James Frazer, Thomas Mann, Erich Fromm, Robert Graves, Rainer Maria Rilke, y otros. Comento a continuación algunos autores que han apoyado las tesis de Bachofen sobre el Matriarcado.

– Friedrich Engels, el inseparable amigo y colaborador de Karl Marx, escribió “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado(1884) basándose en el libro de Lewis Henry Morgan “La sociedad antigua” y en las notas de Marx sobre dicho libro. Engels consideraba, como ya lo hizo antes Fourier, que la monogamia (la propiedad de la mujer), y la propiedad de la tierra son las instituciones más características de la civilización, y la familia la unidad económica de la sociedad, lo cual lleva a una guerra de los ricos contra los pobres. En su libro, resume las tesis de Bachofen en 4 puntos:

1) primitivamente los seres humanos vivieron en promiscuidad sexual, a la que Bachofen da, impropiamente, el nombre de heterismo; 2) tales relaciones excluyen toda posibilidad de establecer con certeza la paternidad, por lo que la filiación solo podía contarse por línea femenina, según el derecho materno; esto se dio entre todos los pueblos antiguos; 3) a consecuencia de este hecho, las mujeres, como únicos progenitores conocidos de la joven generación, gozaban de un gran aprecio y respeto, que llegaba, según Bachofen, hasta el dominio femenino absoluto (ginecocracia); 4) el paso a la monogamia, en la que la mujer pertenece a un solo hombre, encerraba la transgresión de una antiquísima ley religiosa (el derecho inmemorial que los demás hombres tenían sobre aquella mujer), transgresión que debía ser castigada o cuya tolerancia se resarcía con la posesión de la mujer por otros durante un determinado periodo. Bachofen halló las pruebas de estas tesis en numerosas citas de la literatura clásica antigua, reunidas por él con singular celo.

– Élisée Reclus (1830 – 1905) fue un geógrafo francés. Miembro anarquista de la Primera Internacional y creador de la geografía social. En el Capítulo V, titulado Familias, Clases y Poblados, de su gran obra ”El Hombre y la Tierra” (1905) describe así el origen y final del Matriarcado:

El estado más bárbaro de la sociedad es aquel en que el hombre domina, no por ser padre, sino porque es el más fuerte, el que aporta mayor cantidad de alimento y reparte los golpes, sea á los enemigos, sea á los débiles de la horda. … Cuando la agricultura se convierte en trabajo exclusivo de las mujeres, cuando los maridos y los hijos están casi siempre ocupados fuera, cazando, pescando, haciendo la guerra, es la mujer la que desempeña el papel más útil en la economía general de la tribu. La agricultura le proporciona cosechas en cantidad casi constante, mientras que los productos que aporta el hombre varían según las aventuras, el azar y el clima. La prosperidad común depende absolutamente de la buena administración de las madres, de su espíritu de orden, de la paz y de la concordia que introduzcan en el hogar. El afecto natural que los niños reunidos a su alrededor sienten por ellas se convierte en una especie de religión. Ninguna decisión puede tomarse sin consultarles primero. Distribuidoras absolutas de la fortuna familiar, acaban incluso convirtiéndose en las reguladoras de todos los asuntos sociales y políticos. Aunque son los más fuertes, los machos se inclinan ante la soberanía moral.

Entre los Wyandot de América del Norte, el gran consejo de la nación estaba formado por 44 mujeres y 4 hombres, que en realidad sólo eran los agentes ejecutivos de la voluntad femenina.

El gran consejo de mujeres, entre los Wyandot, en «El Hombre y la Tierra«

Pero en las sociedades más desarrolladas, donde la agricultura ha adquirido tal importancia relativa que el hombre abandona casi por completo la caza y la pesca para arar con fuerza, el pivote social cambia en la agrupación de los individuos, y de la gran familia matriarcal evoluciona a la gran familia patriarcal.

La palabra “matriarcado” es confusa. Nos imaginamos fácilmente que la autoridad de la madre sobre los hijos implica la dominación en la familia y al menos la igualdad de la mujer con el padre; Pero son cosas muy diferentes. El poder maternal no impide la brutalidad del marido: no es sino, por así decirlo, una simplificación del trabajo en el gobierno de la familia. Así, entre los Orang-laût, de la península de Malaca, los hijos pertenecen a la madre, pero la mujer lleva una existencia muy infeliz. El marido la golpea y no le permite comer en su presencia.

– James George Frazer (1854-1941),fue un estudioso de la cultura clásica y antropólogo social escocés, especializado en los estudios sobre magia, mitología y religión. Su obra más famosa “La rama dorada, Magia y religión” (1890) es un estudio comparativo de mitología y religión que explora rituales y creencias primitivas, incluyendo el culto a diosas y figuras femeninas. Aunque, no propone explícitamente la existencia de un matriarcado universal, sus análisis sobre la figura de la diosa madre y los cultos asociados a ella han sido interpretados a veces como sugerencia de un pasado matriarcal o utilizados por otros autores como guía para estudios sobre religiones antiguas y para explorar la posibilidad de sociedades matriarcales en la antigüedad.

Robert Graves (1895 – 1985) fue un poeta, estudioso de la mitología griega e irlandesa, y novelista histórico, muy conocido por sus novelas: “Yo Claudio” y “Claudio el Dios y su esposa Mesalina” que dieron origen a la celebrada serie televisiva de la BBC del mismo nombre. Otras de sus novelas históricas son “El rey Jesús”; “El vellocino de oro”; y “El conde Belisario”. También fue un destacado traductor de textos del latín clásico y del griego antiguo

Pero lo que aquí nos interesa es el, cito de la Wikipedia, “estudio especulativo de la inspiración poética”: La diosa blanca (The White Goddess, 1948), donde Graves sugiere que en la antigüedad existía una cultura matriarcal que veneraba a una diosa triple (doncella, madre y anciana), relacionada con los ciclos de la luna y la fertilidad y plantea también que, en las sociedades matriarcales primitivas, la reina-sacerdotisa elegía cada año a un joven fuerte y viril como rey sagrado (rey consorte o rey del año), cuya única función era fecundarla y garantizar la fertilidad de la tierra y la tribu. El rey sagrado y la reina consumaban su unión en un acto simbólico de fertilidad, relacionado con los ciclos de la naturaleza. Al final del año, el rey consorte era sacrificado, y su sangre fertilizaba la tierra, asegurando el renacimiento de la vida en la primavera siguiente. Luego la reina elegía un nuevo rey, y el ciclo comenzaba de nuevo.

No hay pruebas arqueológicas de que este ritual ocurriera realmente como lo describe Graves. Su teoría se basa solamente en diversos mitos y prácticas antiguas, como:

– El mito de Adonis (Fenicia y Grecia). Éste era el amante de la diosa Afrodita y moría cada año, reflejando el ciclo de la vegetación.

– El dios Tammuz (Mesopotamia), era un dios que moría y renacía, asociado a la fertilidad y a la diosa Inanna/Ishtar.

– El «Rey del Bosque» (Roma) En el santuario de Diana del bosque de Nemi, el sacerdote-rey (Rex Nemorensis) debía matar a su predecesor para ocupar su lugar.

– Los rituales celtas de la realeza sagrada, en que el rey debía unirse a una diosa simbólica para legitimar su poder.

La religión de la Diosa Blanca, habría sido dominante en Europa y el Mediterráneo antes de la llegada de sociedades patriarcales guerreras, indoeuropeas y semitas, cuando la Diosa Blanca fue desplazada por dioses masculinos guerreros, como Zeus o Yahvé. La poesía y la magia de la diosa fueron entonces reemplazadas por la lógica, la razón y la escritura masculina. La historia de las religiones y mitologías es la historia de este conflicto entre la poesía (asociada a la Diosa) y la racionalidad patriarcal. Según Graves, la poesía moderna, al haberse alejado de la fuente femenina de inspiración, ha perdido su esencia. La Diosa Blanca es pues, más un mito poético que un tratado histórico o antropológico, y no tiene soporte científico . Aun así, ha sido inspirador para muchos escritores y estudiosos.

Marija Gimbutas, (1921 – 1994) fue una arqueóloga y antropóloga lituana conocida por sus investigaciones sobre las culturas del Neolítico y la Edad del Bronce de la «Vieja Europa», y en particular de la hipótesis de los kurganes, sobre el origen de las lenguas indoeuropeas que se extendieron por Europa y partes de Asia a partir de los hablantes de una lengua protoindoeuropea. Estos serían los habitantes de las estepas del norte del mar Negro de cultura kurgan (del turco курга́н, túmulo funerario). Aunque formulada por Otto Schrader (1883) y V. Gordon Childe (1926), esta hipótesis kurgan fue sistematizada en los años 50 por Marija Gimbutas, quien utilizó el término kurgan para agrupar varias culturas prehistóricas. Los pueblos de estas culturas eran pastores nómadas que se habían expandido por toda la estepa póntico-caspia y hacia Europa del Este a principios del III milenio a. C.

En sus últimos tres libros: Diosas y Dioses de la Vieja Europa (The Goddesses and Gods of Old Europe, 1974); El idioma de la Diosa (The Language of the Goddess, 1989), y La Civilización de la Diosa (The Civilization of the Goddess,1991), retomó las ideas de Bachofen de que en el Neolítico europeo existieron sociedades organizadas en torno a la adoración de una «Diosa Madre» vinculada a la fertilidad y la naturaleza. Basó sus teorías en hallazgos arqueológicos, como figurillas femeninas estilizadas (por ejemplo, la Venus de Willendorf) y símbolos asociados a la fertilidad. Gimbutas destaca las diferencias entre el sistema europeo antiguo, centrado en la diosa y la mujer (ginocéntrico), y la cultura patriarcal («androcrática») indoeuropea de la Edad del Bronce que lo suplantó. Según ella, las sociedades ginocéntricas (matríarcales) eran pacíficas, honraban a las mujeres y propugnaban la igualdad económica. Los pueblos kurganes, que eran androcráticos, o dominados por los hombres, invadieron Europa e impusieron a sus nativos el gobierno jerárquico de los guerreros varones. Su teoría ha sido criticada, posteriormente, por falta de evidencia directa de que estas sociedades fueran realmente matriarcales o que funcionaran sin conflicto. Otros arqueólogos sostienen que las figurillas femeninas podrían ser símbolos de fertilidad sin una connotación religiosa y que no se puede asegurar que todas las culturas neolíticas fueran igualitarias. A pesar de estas críticas, su trabajo ha sido muy influyente en la arqueología y la antropología, inspirando movimientos que buscan modelos alternativos al patriarcado.

La Venus de Willendorf (Wikipedia)

Podemos pensar que los mitos griegos sobre las amazonas, son un recuerdo de esta dominación por la fuerza de las sociedades matriarcales primitivas, a manos de pueblos patriarcales venidos del este que propugna Gimbutas. Sin embargo, según los mitos sobre las amazonas, éstas no eran parte de una sociedad pacífica e igualitaria, sino que prescindían (mataban) de los niños varones y criaban únicamente niñas. Solo utilizaban los hombres para fecundarse (aunque no siempre los matasen después) y eran guerreras consumadas. Según algunas versiones, practicaban la mutilación de un pecho para mejorar su habilidad con el arco, aunque esto probablemente sea un mito posterior.

Se cree que el mito de las amazonas pudo haber sido inspirado por mujeres guerreras de las tribus escitas y sármatas, que existieron realmente y eran conocidas por su destreza en la equitación y el combate. Es decir, que no eran ni pacíficas ni de la vieja Europa, sino que venían del este, pues los escitas habitaban al oriente, y eran nómadas de las estepas del norte del Mar Negro, no muy distintos de los kurganes, y los que se les resistían no eran sino los griegos, europeos, que pelearon en múltiples ocasiones contra ellas.

Según la mitología, el primer encuentro entre los griegos y las amazonas, se produjo cuando Euristeo envió a Hércules (Heracles en griego) a buscar el cinturón mágico de la reina amazona Hipólita, lo que, al parecer, se trataba de una empresa terriblemente peligrosa, como otros de los “Trabajos de Hércules”. En algunas versiones, Hércules va solo, pero en otras, reúne primero un ejercito con los mejores guerreros griegos. Algunos relatos cuentan que Hipólita entregó su cinturón voluntariamente a Hércules, pero en otros, Hera, que estaba en contra de Hércules por ser hijo de una aventura de su marido Zeus con la mortal Alcmena, incitó a las amazonas a dar un violento recibimiento al héroe y su ejercito. Aunque las amazonas eran buenas luchadoras, no eran rivales para el invencible Hércules, que finalmente consigue arrebatarle el cinturón y llevárselo a Euristeo.

Mosaico romano de la Casa de Hércules mostrando a éste con Hipólita

Las batallas entre los atenienses y las amazonas fueron tema recurrente en la escultura griega, como en el bajorrelieve del Partenón de Atenas y en la decoración del Mausoleo de Halicarnaso (hoy Bodrum en Turquía). Entre otras batallas, Teseo, el rey de Atenas, luchó con las amazonas en la llamada Amazonomaquia (batalla contra las amazonas). Según la versión más extendida del mito, Teseo secuestró a su reina, Hipólita (o Antíope) y, como venganza, las amazonas atacaron Atenas. Tras una feroz batalla, Teseo y sus tropas derrotaron a las amazonas. En algunas versiones, Hipólita se casó luego con Teseo y tuvieron un hijo, Hipólito. En otras, murió en la batalla.

Otro famoso combate entre los griegos y las amazonas ocurrió durante la Guerra de Troya, cuando la reina Pentesilea, hija de Ares, hermana de Hipólita y una guerrera formidable, lideró un grupo de amazonas que llegó para ayudar a los troyanos contra los griegos.

Aquiles y Pentesilea, relieve del Sebasteion, siglo I d.C., Museo Arqueológico de Afrodisias, Turquía

Pentesilea se enfrentó a Aquiles en combate singular y Aquiles la mató, pero quedó cautivado por su belleza y se enamoró de ella en el instante en que le clavaba su lanza, sintiendo luego un gran pesar por haberla matado. Esta escena aparece en muchas representaciones artísticas griegas y romanas (ver figuras)

En conclusión, no hay evidencia de que haya existido, en la antigüedad, una sociedad “matriarcal” de ámbito general, dominada, política, económica y militarmente (o pacíficamente) por las mujeres. Sin embargo, han existido y aún existen algunas, sociedades matrilineales (que se rigen en la sucesión por la línea materna), o matrilocales (en que el hombre se traslada a la casa o territorio de la mujer al casarse) y con mayor o menos igualdad (aunque nunca perfecta) entre los dos sexos que la sociedad patriarcal actual. Las formas sociales son, y han sido, de una variedad muy amplia y dependen mucho de las condiciones locales en que se desarrolla la sociedad.

En todo caso, haya existido o no una época matriarcal idílica en la antigüedad, no cabe duda de que la civilización actual avanza, no sin retrocesos parciales, hacia una sociedad más igualitaria entre los sexos. En palabras de Eliseo Reclús: Le point d’équilibre est la parfaite égalité de droits entre les individus (El punto de equilibrio es la perfecta igualdad de derechos entre todos los individuos)

Publicado por Manu Barandiaran

Profesor emérito de la Universidad de País Vasco

Deja un comentario